27 de octubre de 2007

Una noche

Pingüino le pidió un beso. Mariposa no lo negó. Todo era negro, ruidoso, taladrante, pero caliente, dulce, secreto.
Pingüino buscaba a Mariposa. Y viceversa.
La noche no terminó, era una linea recta. Pingüino camina, Mariposa vuela coqueta y hace figuras.
Pingüino anda desmemoriado, Pingüino regala abrazos, besos, encuentros, desvaríos.
Mariposa choca con todo, anda entre mareos, intoxicada y duerme en medio de toda esa gente y baila.
Y le hace el amor a Pingüino.
Y Pingüino lo sabe pero hace que no.
Mariposa no sabe lo que espera, pero ha dejado de vivir. Sólo espera.
Pingüino quiere un abrazo, Mariposa espera.
Pingüino se va. Canta, camina, aletea, corre los pasos y se va.
Pingüino te dice te amo en el beso de las 11:03 y se va.

Gracias... totales

Ayer vierners 26, Anuar leyó sus poemas en Chilango Andaluz. Yo, pendeja, no envié nada. Ando volando bajo y mi trabajo poético se había detenido. Agradezco siempre a la vida verlo. A Anuar. Se me ocurrió esto.

La quinta noche acarició tu cabello remendado y descubrió el origen de los sueños,
apretó los ojos con fuerza, te arrancó un trozo, lo olió y se lo metió a la boca con ansia desmesurada.
Así, con los párpados negados pudo ver
pudo verte,
te habías pintado de azul,
tu voz era la de un gigante de manos suaves,
de dientes que mordían su barbilla y pellizcaban suaves pezones bermellón,
era tu discurso de eterna despedida, de dolor sediento.
Era toda la cara desfigurada y pujosa,
lucesitas entre las que te sonreías,
en ellas te guarecías,
eras pura luz.
Eras los ojos abiertos,
eras este reflejo en el que me reflejo,
una, dos, tres veces me reflejo
y convivíamos de malditos sueños,
de benditas caricias siempre guardadas y juegos suicidas,
de visiones de sarcasmo y risas de chapopote,
de consuelos homicidas (cada letra es un paso menos al segundero del Dios de 3 manecillas)
de mordidas de chocolate,
del salvaje arrancarse las costras de juramentos
y no voy a abrir los ojos ni destapar los excusados.

Noche con The Cure

Resultó que pude ir a The Cure. Fue un buen lunes común y corriente. En realidad yo esperaba hacerme de un chorrito de luz verde. Pero la cosa no estuvo tan bien. Me fallaron, pues.
De buenas a primeras dijeron: "quiero ir", dije "quiero ir" yo también pero préstame. Me facilitaron $700 pesos, agarramos una súper rebaja de boletos los de $700 los conseguimos en $500. Las chelas chidas. The End of the world, poca madre; Close to me, una chingonería que siempre me recuerda a Joaquín; Boys don't Cry, de pelos. La que me faltó fue Maybe, Someday.

Esto me sobró:

Una abertura palpitante se me entrega,
húmeda, casi negra,
dudosa,
hipócrita.
3 cervezas delatoras,
una hervidera de saliva solícita,
acércate a mi y bésame:
cerremos el círculo.

Un mal día

Un buen día, poeta decidió tirar la pluma,
en su colchón húmedo nadaba en lágrimas,
la tinta asfixiaba la ansiosa urgencia de un te quiero nocturno.

Un buen día a poeta se le aparecieron dos palabras fantasma,
dos que como espectros no la dejaban,
dos inquietantes y aburridas.

Poeta aspiró sus inútiles fantasías,
se aguantó la respiración,
se amorató.

También las heridas se las aguantó,
cortes, golpes, exigencias rumiantes,
estúpidas necesidades prefabricadas,
verdades cínicas de nuevo la revoloteaban
como murciélagos la revoloteaban.

Poeta se tiñó de morado,
su mirada sangraba de neblina,
de húmedas somnolencias,
su boca vomitaba de lastimadura,
de negras reprimendas.

Poeta se tiñó de rosa,
se pintó de blanco,
se quedó de azul,
voló en el negro
y encapsulada en luz se quedó.

23 de octubre de 2007

Suicidana

Anuarcito está evaluando a la banda para descubrir quienes tienen el honor de pertenecer a su comunidad.
Aquí mis respuestas.
1. Fisicamente, la mayor parte del tiempo me duele la cadera. En lo que se refiere a mi persona creo que eso de la comodidad es un estado que nos vuelve huevones.
2. Mi pasatiempo favorito es llorar
3. Quiero ser un ciudadano de Suicidia porque tendría un gobernador del que nunca me avergonzaría.
4. Fumo todo lo que me ponen enfrente.
5. Creo que si sacrificara a una cabra me comería el corazón.
6. Decido el tono de negro según el nivel de mi tristeza.
7. El romance que no tengo lo tengo con un hombre.
8. Nunca me han dicho: "eres el amor de mi vida".
9. Si me dijeras que eres el anticristo supongo que seguiría mi camino.
10. Alguien es persona; no, no he matado a nadie.
11. Las ventas de garage me valen madre.
12. ¿Qué tan profunda sería la busqueda del YO profundo?
13. Sí, la carita sonriente del empaque de las Sabritas era chida. Yo era pequeña y creía en la felicidad.
14. No he visto lo que le sucede a los gatos dentro del horno de microondas, he visto qué les sucede cuando se estresan.
15. Ayer Dios y yo tuvimos una pelea. En realidad nunca nos prestamos libros, más bien nos dedicamos a hablar.
16. Me encantan todas las fotografías que te he tomado.
17. Cada que un hombre me rechaza. Creo que soy adicta a ese dolor. Me arrastra a la escribidera.
18. El orden alfabético es una cosa importante. Pero es aún más importante desordenarlo.
19. No soy pirómana. Soy ninfómana.
20. Blanca. La nada es blanca.
21. Yo agregaría esta pregunta: ¿Cuál es la mejor mentira que nunca has dicho? Y mi respuesta: No te amo.

18 de octubre de 2007

Mosqueta 198

El descuartizador de la Guerrero era mi vecino. No vivía en el piso de abajo ni en la casa vecina, en realidad éramos compañeros de los dolores de la Warrior Colony —sí, igual que Paquita, con todo y sus rollos fiscales—. Cada uno desempeñaba su labor muy a su modo: él conquistando mujeres maduras, enviándoles poemillas y dicen que hasta practicando ritos satánicos, yo más bien yendo al día.

El día que lo capturaron, mi madre —espantada— dijo: ¿supiste del hombre…? Yo no me di por enterada hasta que no escuché un altavoz: “Atrapan al descuartizador de la Guerrero. Aquí aparece la fotografía”, era uno de esos señores que corren a la zona referida en los titulares de los periódicos para hacer su agosto con el morbo —muy humano él— de todos los vecinos. Yo corrí a comprar el rotativo en cuestión —por cierto la foto no era tal. Me habían timado—.

Leí la susodicha nota y lo supe todo: José Luis Calva Zepeda, el descuartizador, vivía muy cerca de mi domicilio. ¡Zas! Recapitulé.

Antes de que los vecinos reportaran el olor del cuerpo de Alejandra Galeana, de que Calva Zepeda intentara escapar tirándose de un 4º piso—cuya caída fue amortiguada por alguna de las marquesinas de los comercios aledaños (un restaurante de tortas, una tienda de regalos y una pizzería), de que fuera medio arrollado por un auto —en esa avenida por la que camino todos los días—y terminara en el Hospital de Xoco —donde lo trasladaron luego de estar en la Cruz Roja de Polanco— vivió a unas 4 cuadras de donde yo, en el 198 de Mosqueta, en un edificio de puerta café y páneles blancos.

Pues bien, resultó que como José Luis Calva Zepeda y yo éramos habitantes del mismo barrio —no tan bravo como el de Tepito, pero la colindancia no nos ayuda— frecuentábamos el mismo mercado, caminábamos por las mismas calles, subíamos al mismo metro, saludábamos a las mismas personas y hasta compartíamos la misma afición —escribir, pues, eso de comer carne humana nunca ha sido lo mío—.

Lo que sí es que no teníamos las mismas costumbres. Muchos de los que vivimos en la Guerrero somos personas de bien. Aunque sí nos andamos con cuidado. Y ahora, ¡mira que descubrir a un destazador y encima caníbal viviendo al lado de uno! ¡Qué suceso para la colonia!, —ya de por sí famosa por su alto índice de criminalidad y sus PYMNE’s (Pequeñas y Medianas Narco Empresas)—. Los vecinos estamos que no la creemos.

Del martes a la fecha, el Jack de la Guerrero aparece en todos los periódicos de nota roja (los titulares traen a mi cabeza a los Cafetos: "golpeola, tirola, pateola, pegola, violola, matola") y agradezco a Dios que mi persona no concordara con el perfil de sus víctimas.

Calva Zepeda sigue en el hospital. Las familias de las mujeres asesinadas quieren justicia y todo parece indicar que la tendrán. Yo no sé si este hombre tiene idea pero en la zona no es muy bien visto y si regresa no será bien recibido. Ya se acabó esa imagen de persona culta que tenía con sus vecinos cercanos.

Así pues, yo, vivita y coleando, corrí con los chilangos a contarles la noticia y hacer todo un bosquejo de los hechos. ¿De veras la Guerrero es tan peligrosa? Habían preguntado alguna vez. Espero que no vuelvan a hacerlo.

9 de octubre de 2007

Ejercicios paralelos

Lo primero fueron tus ojos. Desanudados y llenos. Melancolía que de nada a todo se hilvanaba. Eran dulces, amables, nublados. No buscaban venganza ni andaban con descaro. No se entreabrían caritativamente. Eran amplios.
Lo segundo fue el pétalo sobre mi piel en que se me deslizaba tu voz, tu voz. Estabas en silencio y me rozabas, abrías los labios y me desprendias el coraje, hablabas y nadaba entre burbujas de jabón etéreas y de a poco brillantes.
Lo tercero fue tu cabello. Enciclopedia de tu memoria, renacimiento de tus motivos, camino de tu tristeza de a ratos. Cabello y pasos que andaban entre hierbas y litros de cebada. Andabas por la senda sin pensar que en el momento justo nos juntaríamos de almas.
Lo cuarto fue tu cuerpo. Desdoblado de mentiras, creciendo entre caricias, abriéndose entre pisadas bien marcadas, entre otros cuerpos mecanografiados, unas veces virtuales, otras veces esculpidos por las huellas profundas que eran tus manos.
Lo quinto fueron tus labios. La cercanía de a veces y lo lejano de siempre. Encerrados en un cubo de cristal tus labios y los míos se escapaban y se perdían en soledad. Y despertaban y se abrían. Se entregaban.
Lo sexto y quizá también lo primero fue tu sonrisa. Sabía a naranjas. No, más bien sabía a chocolate cortado en trocitos y saboreado despacito. Así, sin prisa (tan despacio como nunca antes había disfrutado el chocolate). Deslizándose suavecito, acariciante.
Lo séptimo fue tu brillo caliente. Me llegaba siempre por la espalda, siempre por la espalda. Lo sentía clarito en la nuca, me despeinaba. Me llegaba como ventisca afanosa. Como hurácan en calma.
Lo octavo todavía no ha sido. Lo que sigue, eso que sigue, es tu beso. Ese único. Ese que paralizará el siglo entero. Ese que reconstruirá. Ese que navegará, que entre olas atrapará manos, cabello, cadera, tiempo flotante.
Lo noveno será el naufragio. El mito del andrógino. La calma.

6 de octubre de 2007

Mi primera actuación "porno"

En la escuela me enseñaron a utilizar títulos "atractivos", "que vendan" -dicen por ahí-, así que opté por seguir en esto de los relatos postvirginales con una cabecilla rojilloapasionariacachondona.
A decir verdad, no fue una película porno, más bien fue la primera vez que permití que me grabaran en video con muy poca ropa, contoneándome encima de un hombre -quien, habrán de imaginarse, era un bombón (si es que caes por aquí, muchos saludos) y que por lo demás resultaba de un guión que quería -quería, se quedó en el intento- llegarle a El último tango en Paris.
La oportunidad de actuar resultó de un trabajo escolar -benditos trabajos escolares-. Y bueno, quienes me conocen saben que desde que salí de adentrito de mi madrecita me he sentido bien chicles y pus bien habladora, y en eso nadien NADIEN me gana. Así que ahí me tienes: "si necesitas una actriz para tu peli ERÓTICA, yo no tengo ningún problema, siempre y cuando me permitas elegir a mi compañero".
Total que ahí me tienes Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, generación 2000-2004. Comenzó la búsqueda. Estaba el flaquito bien rico. El greñudito cachondo. El teacher de foto. Y como otros 10 en la lista. Obvio la elección no se basó en sus dotes histriónicas -ojo, tampoco en su dotación- más bien tuvo que ver la oportunidad y la posibilidad. Total que la suerte se la llevó el muchacho fotógrafo. Y que nos movemos a la hermana república de Naucalpan, a la casa donde -en aquel entonces había una suerte de selva encarcelada. Sí, animales en cautiverio- se realizaría la grabación.
Pues sí. Ahí estaban: camarógrafa, directora de escena y actores. Al principio hubo mucho ja-ja-ja y ju-ju-ju. Mucha de la fiesta, la alegría y el revoloteo que como imaginarán no era otra cosa que la proyección del nerviosismo. Total que ahí estaba yo escuchando con atención las indicaciones de la Srita. M. que si la actitud, que si los gesto, que si la ropa, que si los movimientos, puras indicaciones que al final terminaron olvidándoseme o que a ellas también les valieron queso.
Aquí los 3 muy inolvidables momentos:
  1. En una de las escenas, el cachondeo iniciaría en el baño. Yo, de espaldas al lavabo, sería cargada por él en pleno besuqueo. Para esto debo aclarar: no llego al 1.60 m, él, obvio, era más alto que yo -cualquiera es más alto que yo-, y para poder sentarme al lavabo yo tenía que ayudarme de una cubetita. 3,2,1 ¡Acción! Beso, beso, beso, siento que me carga, ¡ah!, sí, claro... cubeta... ¿dónde quedó la cubeta? ¡Corte! Debimos repetir la escena. :-(
  2. ¡Ah! La cosa se estaba poniendo buena. Del baño pasamos de repente a la cama. Qué cosa más bonita, verdad, de traer yo chamarra, blusa de cuello de tortuga y hasta bufanda pasé a quedarme sin nada, o al menos esa imagen dábamos a la cámara, que nomás me estaba grabando la espalda. ¿Y yo?, en la brincadera feliz. ¿Y él?, pus más feliz aún porque de pronto la ropa perdía la colocación exacta y por 1 milimetro de distancia se veía más de lo programado. Demasiado movimiento, demasiados golpes de la cabecera contra la pared.
  3. La verdad es que la historia era como chaquetona. No recuerdo muy bien la trama, pero era una especie de "preparatorianos calientes de la A a la B". Así, fresa, rosa y cero cachonda. La verdad no sé si fue pedo de la historia o de la producción o de la edición pero creo que no estuvo bien logrado el video. El tercer momento fue la vergüenza que traía porque muchos compañeritos habían visto la grabación y no faltaron los murmullos que llegaban a mi paso -que no fueron tantos-.
Llevábamos ya como 6 horas grabando ¡piuf, qué calor! La grabación acabó y creo que nunca llegué a ver el video completo. Es tiempo de pedir el original y ver que podemos hacer con esas escenas. Igual si soy una potencial actriz porno.

2 de octubre de 2007

¡Salud! Gracias

Y resultó ser un acierto eso de la decepción masculina. Sí, a veces resulta que un hecho desencadena toda una serie de razonamientos que ya habían tardado en cocinarse y al final, zas, la libertad. Libertad de obsesiones, libertad de posesiones, libertad de necedades, libertad de frustración, libertad de rencores, libertad de ese mundo, libertad de mi autocompasión.
Ya habían sido muchas las veces en que me mostraba condescendiente, extremadamente amable y gentil con entes del género "fuerte". Y pues ya, resultó que el ex-pelos-chinos (sí, adiós amabilidad y lenguaje-cursi-que-no-viene-al-caso) me hizo una mala jugada y pus yo dije: yastuvo.
Así es, después de años y años y años y años y años y años de repetirme una y otra vez: "a la chingada", por fin me llegó la iluminación y luego de tanto pedirlo -como bien me lo dijo Emilio- resultó que me encontré libre de pensamiento, palabra, obra y omisión, o sea libre de un ente alucinatorio (fuente de inspiración, hubiera dicho la sandrink del pasado) que me hiciera flotar entre nubes y blah.
¿Y ora? Pues nada, de repente entra la inquietud (me está pasando lo de las adictas al sexo que engordan y engordan porque lo han cambiado por chocolates. Pero a mi me pasa con la chamba y la compu) y resulta que como ya no hay un OSCURO-OBJETO-DE-DESEO y me encierro en boberías y ya no escribo, ¿pos a quién? Y ya no lloro (Bendito sea Dios). Y ya no voy a fiestas pensando en quién (ja) (ah, que tiempos los de la fac). Y de verdad me siento libre. (Y pobres de aquellos del pasado. No lo siento, jua, zopencos, al final se perdieron de esta que esto escribe). Y feliz.
Y es que para alguien que se enamoraba y se desenamoraba intermitentemente, que disfrutaba con gozo profundo el cacahuateo, que se había metido en un círculo promiscuoso (que en ocasiones era harto virtuoso), pos la mera verdá salir de eso taba cabrón.
Y ya, me siento como mar en calma (por más choteado que eso suene), como pedazo de piel sobre la que transitan pelillos de brocha de maquillaje (ah! Qué bizarro).
¡A disfrutar el pensamiento limpio de impurezas, pues!