Supe que amaba los edificios viejitos desde que tenía 10 años, cuando una niña de la escuela –medio ñoña que usaba lentes y era rubia cobriza de sus pelos– nos compartió su casa para hacer la tarea de equipo. Ella vivía en un enorme departamento de la colonia Santa María La Ribera; tenía techos altos, una enorme estancia, una tina en el baño y supongo que cuartos grandísimos, la ganancia -de entrada- era que tenía tres habitaciones, demasiado para mí en ese entonces pues la casa que desde siempre compartí con mis padres era bien chiquita.
Obvio me impresionó, el depto en cuestión –el mío– era pequeñísimo, todos los cinco integrantes de mi familia estábamos súper apachurrados, bueno, a esa edad no tanto. Pero la verdad es que desde entonces soñé con vivir en un lugar así.
Hace ya casi un par de años se me cumplió. Me mudé a un edificio viejito, con una hermosa entrada que da la bienvenida sonriente, una enorme sala en la que cabe perfecto mi gente, un lindo cuarto con un soporte que hace las veces de librero, con un closet -para mí sola- con foquito, con un espacio para mí solita y mi hombre.
Nunca imaginé que lo conseguiría. La verdad es que mi mayor inspiración fue mi prima Adriana; nunca sino hasta mis 24 –creo– empezamos a estrechar nuestra relación y fue justo en ese tiempo cuando ella se mudó a su departamento nuevo. Lucía tan realizada. Quise conseguirlo igual. Ella no renta como yo pero, bueno, vamos por pasos.
Y lo logré. Lo logramos, mis papás, hermanos y yo. Soy la suma de ellos, al final. Y al principio. Y por enmedio.
Total que aquí caí, por desearlo tanto o por coincidencia (nada es coincidencia), pero acá ya llevo 18 meses.
También la cosa del barrio es algo que me atrae. La Guerrero, mi hermoso nido, me encanta. A pesar de los chacas, a pesar de la suciedad, a pesar del miedo y los traumas. La quiero. Y yo creo que por eso también quiero tanto esta colonia también. Amo estar rodeada de construcciones añejas, con tantos detalles y tantas sorpresas. Los edificios de hoy ya no lo son. Unos nada más cristal, otros espejos. Nada como las columnas, los balcones, los ventanales enormes, los patios, los pisos de duela, las puertotas.
La cosa es que viene la evolución. Y uno tiene que crecer. La despedida al hogar hippie apenas inicia. Siempre vendrán tiempos mejores y departamentos con lavadero y tendedero incluidos.
Deletreándome.com
Apuntes de un drama por capítulos
3 de abril de 2012
2 de abril de 2012
Las verdades del mundo (o Sandra en el país de las maravillas)
Eso de que las revistas de adolescentes son una porquería es falso. No conozco a una sola mujer que de sus 13 a sus 17 años no haya siquiera hojeado una sola. Ni siquiera sé de algún hombre que no lo haya hecho, por curiosidad, por morboso o por lo que sea. La verdad es que nos la pasamos criticándolas pero sí fueron un poco la Biblia de muchas, puede que hasta lo sean más de aquellas que hoy en día lo niegan, si no ¿por qué reniegan tanto de ellas? Porque sí, una cosa es haberlas leído y otras haber seguido al pie de la letra lo que decían, que una no es una total descerebrada ¡por el amor de dios! Y, seamos sinceros, la verdad es que a esa edad lo que menos queríamos era tener a alguien que nos dijera qué hacer, más bien nos poníamos a investigar consecuencias y a descifrar qué era lo menos peor.
Y sí, hay cosas que -a la fecha- recordamos haber leído por ahí. Luego –claro está– descubrimos que lejos de ser consejos para adolescentes eran verdades universales; y que lejos de ser recomendaciones de superación personal eran tesis filosóficas –obviamente– muy –pero muy– digeridas. Por lo menos eso concluí yo después de mi clase de Historia de la Filosofía. Y sí también recuerdo cosas de estas que les digo. Sobre todo eso de ver el lado positivo de las cosas, luchar por lo que quieres y pedirlo con todas tus fuerzas y no soltarlo hasta conseguirlo, ser uno mismo.
Ah, sí, suena a tontería, ¿no? Pues quiero decir que conozco a muuucha gente que es súper negativa, que no tiene perseverancia y, sobre todo, que quiere ser alguien que no es. Tristísimo. (Hay también quienes ni siquiera saben quiénes son pues están llevando una vida basada en todo menos en buscar sus propios desafíos.
Todo este rollo es para pedir un aplauso para todo aquel que ha cumplido sus sueños más fantasiosos. Uno no sabe hasta dónde puede llegar la imaginación. Uno no sabe hasta dónde te puede llevar la vida.
Y el objetivo final sigue siendo sonreír. Aunque no siempre se pueda, aunque te des madrazos de frente. Al final siempre quedará también la satisfacción en la cara. Y una tremenda sonrisota.
P.D. Aunque al final uno siempre –también– debe tener cuidado con lo que desea. Siempre se hace realidad.
Y sí, hay cosas que -a la fecha- recordamos haber leído por ahí. Luego –claro está– descubrimos que lejos de ser consejos para adolescentes eran verdades universales; y que lejos de ser recomendaciones de superación personal eran tesis filosóficas –obviamente– muy –pero muy– digeridas. Por lo menos eso concluí yo después de mi clase de Historia de la Filosofía. Y sí también recuerdo cosas de estas que les digo. Sobre todo eso de ver el lado positivo de las cosas, luchar por lo que quieres y pedirlo con todas tus fuerzas y no soltarlo hasta conseguirlo, ser uno mismo.
Ah, sí, suena a tontería, ¿no? Pues quiero decir que conozco a muuucha gente que es súper negativa, que no tiene perseverancia y, sobre todo, que quiere ser alguien que no es. Tristísimo. (Hay también quienes ni siquiera saben quiénes son pues están llevando una vida basada en todo menos en buscar sus propios desafíos.
Todo este rollo es para pedir un aplauso para todo aquel que ha cumplido sus sueños más fantasiosos. Uno no sabe hasta dónde puede llegar la imaginación. Uno no sabe hasta dónde te puede llevar la vida.
Y el objetivo final sigue siendo sonreír. Aunque no siempre se pueda, aunque te des madrazos de frente. Al final siempre quedará también la satisfacción en la cara. Y una tremenda sonrisota.
P.D. Aunque al final uno siempre –también– debe tener cuidado con lo que desea. Siempre se hace realidad.
3 de enero de 2012
2011 ha muerto, que viva 2012
Hacer un resumen de cómo fueron 12 meses está complicadísimo. Hacerlo de 365 días lo está aún más. Ni qué decir de los minutos y los segundos. Son los momentos. Fueron los momentos, de esos sí se puede hacer un resumen. Un listado. Una numeración. Un top. Tan solicitados como están en estos días. Los 25 10 7 momentos que marcaron mi 2011.
1. Funcionó aquello de que día a día me recordara que era soy una chingona. Igual no lo soy, pero me la creo y con eso basta para sentirlo. Bueeeeh... creo sí, lo soy (jojo) (Esas clases de superación personal que me dieron cuando quise entrar a uno de esos trabajos fakes, en las que me preguntaban si estaba motivada, al final funcionaron)
2. Celebrar un año más de las personas que mueven mi vida, quienes hacen que todo este pinche jueguito desmadroso tenga sentido.
3. Cuando mis mejores amigos me abrieron los ojos y me dijeron que me estaba pasando de ególatra, caprichosa, egocentrista y demás egos que rondaron por mi cabeza en 2011.
4. Cada momento en que la vida volvió a demostrarme que si quiero algo con mucho, mucho, mucho ahínco puedo tenerlo en mis manitas.
5. Darme cuenta de que había sobregirado la tarjeta, me había convertido en un Pequeño cerdo capitalista y era hora de detenerme. (Rockstarismo wannabe llevado a su máxima expresión)
6. Cuando entendí que no estaba bien tirar el cartucho si ni siquiera tenía que cambiarlo.
7. El día en que decidí dejar de ser un robot y volví a dejar libre a mi corazón.
Han pasado 3 días del año y la verdad es que hasta ahora pretendo ponerme las pilas, y está mal. Hasta ahora me doy cuenta de que he dejado pasar dos días. ¡Dos! Pero ni un minuto más.
Termino diciendo que este año servirá para:
Diablos, sí qué será difícil... A darle átomos, pues.
1. Funcionó aquello de que día a día me recordara que
2. Celebrar un año más de las personas que mueven mi vida, quienes hacen que todo este pinche jueguito desmadroso tenga sentido.
3. Cuando mis mejores amigos me abrieron los ojos y me dijeron que me estaba pasando de ególatra, caprichosa, egocentrista y demás egos que rondaron por mi cabeza en 2011.
4. Cada momento en que la vida volvió a demostrarme que si quiero algo con mucho, mucho, mucho ahínco puedo tenerlo en mis manitas.
5. Darme cuenta de que había sobregirado la tarjeta, me había convertido en un Pequeño cerdo capitalista y era hora de detenerme. (Rockstarismo wannabe llevado a su máxima expresión)
6. Cuando entendí que no estaba bien tirar el cartucho si ni siquiera tenía que cambiarlo.
7. El día en que decidí dejar de ser un robot y volví a dejar libre a mi corazón.
Han pasado 3 días del año y la verdad es que hasta ahora pretendo ponerme las pilas, y está mal. Hasta ahora me doy cuenta de que he dejado pasar dos días. ¡Dos! Pero ni un minuto más.
Termino diciendo que este año servirá para:
- Cerrar círculos.
- Dejar de pretender tener una vida de rockstar (si no puedo costearla).
- Caminar hacia adelante e iniciar nuevos proyectos.
- Dejar de imaginar que mi vida es una telenovela.
- Tener una alimentación más saludable para que mi cuerpecito sea feliz.
- Dejar de permitir que sea por un alguien más que tomo decisiones.
- Creerme aquello de que soy hiperactiva y hacer más cosas al día.
- Vivir. Existir. Sobrevivir. Renacer.
- Leer más (libros, periódicos, páginas de internet), tomar más fotos, ver más películas, escribir más poemas y postear más (aquí y allá), soñar, bailar, cantar, reír más, más y más.
Diablos, sí qué será difícil... A darle átomos, pues.
20 de diciembre de 2011
Uno siempre cree que son el amor de su vida
Y luego de un tiempo resulta que igual no.
El problema está ahí.
El problema está en creer.
El problema está ahí.
El problema está en creer.
21 de agosto de 2011
Adiós, abuela
Siempre tuve la curiosidad de saber cómo era una muerte de pueblo. Evidentemente no es igual que a una de ciudad. Es más triste, no es más triste.
Yo tenía una abuela, me dijeron que era mi abuela, mis papás me lo dijeron y hasta ella misma lo dijo; pero nunca supe cómo era en realidad una abuela. Ésta, quería ser uno de nosotros. Nada más de eso me acuerdo. Quería ser consentida, chiqueada, alimentada. A sus más de 70 años creo que se lo merecía. No recuerdo que me diera los consejos o que me abrazara sino cuando nos despedíamos porque quién sabe en cuánto tiempo nos íbamos a volver a ver. Creo que ya no me acuerdo cuándo fue la última vez que la abracé. Y creo que ella murió sin acordarse de mí. Sin saber que yo existía. Es que ya estaba muy mayor. Estaba viejita. Yo no sabía pero en la misa dijeron: 89 años. Son muchos. Muchísimos. Tuvo 17 hijos, ahí nomás. Y cada hijo tuvo en promedio 3 hijos. Échenle 51 nietos, yo pienso que hasta somos más. Muchos de esos ya tienen hijos. Hay tipo 20 biznietos. Enorme familia.
Mi mamá la iba a ver cada que podía. A su regreso nos traía el reporte: ya no quiere comer, ya no quiere caminar, ya no quiere platicar, ya no nos reconoce.
Creo que se puso más depre a partir de que murió mi abuelo. Él era bien chido. Más o menos me acuerdo. Era bien sonriente. Y borrachito. Y nos contaba chistes e historias. Cantaba. Creo que hasta nos compartía chupe, como que me acuerdo. Usaba un bastón. Mi abuela también. Él murió porque se cayó y se pegó en la cabeza. Dicen que murió de cáncer. Supongo que piensan que ella también pudo haber muerto de lo mismo porque abajo de su féretro habían colocado vinagre con gajitos de cebollas, la creencia –me dijeron– es que así no se riega el cáncer; y tampoco el mal olor.
Al final no importa de qué murió quién.
Debe ser difícil dividir el amor en 14 –al final sólo sobrevivieron 14 hijos–, mucho más en cincuenta y tantos nietos y de los biznietos ya ni hablar. Tal vez por eso pienso que no me quiso. O quién sabe. A lo mejor a su modo.
Nos avisaron el viernes en la mañana y por la noche llegamos al rancho, una casita, dos, una de cemento y la otra cubierta con tejas. Muchísimas historias se guardan ahí. Fue el primer lugar que más amé para fotografiar –por ejemplo–, cantábamos ahí hasta bien entrada la madrugada, y nos congelábamos, y nos poníamos borrachitos, en aquellos días en que celebrábamos los cumpleaños de los abuelos; también ahí celebramos XV años de primas y sobrinas.
Puercos, guajolotes, gallinas, toros, vacas, perros, brujas.
Llegamos al rancho y estaba todo dispuesto. Sillas en el enorme patio, familia. Y dentro: el féretro. En el lugar donde muchas noches ella durmió. Donde todos llegamos a dormir. Era una caja color café claro con una virgen dibujada. Cuatro cirios a su alrededor. E hijas llorando. Nietas llorando mientras esto escriben.
Afuera, las hijas, ocupadas, preparando el café, el té de canela, comprando pan, galletas, saludando, recibiendo el pésame. Es horrible abrazar a alguien y dar el pésame cuando no lo sientes. Esta vez todos nos sentimos cuando nos abrazábamos.
La mayoría de la familia se quedó a velarla. Yo no. Quería, pero..., en fin.
Al día siguiente –sábado–, la misa estaba programada para las 12.
11:40. Una voz gritó: empiecen a prepararla.
11:45. Una tras otra hija, uno tras otro llanto.
11:50. Más despedidas. Cierran la ventanita. Reparten flores que llevaremos cargando.
11:55. Unos cuantos toman el féretro y lo llevan a una camioneta color verde.
12:00. Todos caminamos en procesión a la iglesia.
No fue una misa linda.
12:50. De nuevo toman el féretro. Es hora de llevarlo al panteón.
Durante más de una hora caminamos. La avenida principal se llenó de los Lizardi que también son Pérez. Y Yáñez, Guerrero, Sánchez, Aguilar, Olguín, Alegre, Lucario. Todos caminamos hacia la salida del pueblo, hacia la carretera, hacia el panteón. Mientras lo hacíamos, reíamos. Tomábamos agua. Platicábamos. Nos actualizábamos de todo lo que había pasado en tanto tiempo que llevábamos sin vernos.
Esa despedida final sí fue hermosa. Fue dolorosa. Hasta ahí todavía estaba presente. Luego estaría bajo tierra. Y nos hicimos bien conscientes de eso. Le echaban puños de tierra mientras le agradecían. Le tiraban flores mientras le agradecían. Le aventaban agua bendita mientras le agradecían. Le pedían que –ahora sí– ya descansara en paz.
89 años acá te querían rebasar, qué bueno que no los dejaste.
Te despediste en el más lindo escenario. Cielo azul, nubes hermosas, árboles, pasto, cerros, viento, aire de despedida que nos acariciaba a todos la cara. Uno tras otro palazo. Tierra sobre tu ataúd. ¿Por qué tanta tierra? –como dice Sabines–, ¿por qué tanta si tú de ahí ya ni ibas a querer salir? Nomás se cansaron. Y encima de tu cuerpo, de tu féretro, de tantísima tierra, cubetas con flores que olían delicioso. Muchas cubetas con flores. Y alguna que otra corona de flores. Una cruz de flores.
Gracias, abuela. Quién sabe en dónde andarás, pero seguro allá sonreirás más. Si te topas con el abuelo, salúdalo. Luego nos vemos por allá.
Yo tenía una abuela, me dijeron que era mi abuela, mis papás me lo dijeron y hasta ella misma lo dijo; pero nunca supe cómo era en realidad una abuela. Ésta, quería ser uno de nosotros. Nada más de eso me acuerdo. Quería ser consentida, chiqueada, alimentada. A sus más de 70 años creo que se lo merecía. No recuerdo que me diera los consejos o que me abrazara sino cuando nos despedíamos porque quién sabe en cuánto tiempo nos íbamos a volver a ver. Creo que ya no me acuerdo cuándo fue la última vez que la abracé. Y creo que ella murió sin acordarse de mí. Sin saber que yo existía. Es que ya estaba muy mayor. Estaba viejita. Yo no sabía pero en la misa dijeron: 89 años. Son muchos. Muchísimos. Tuvo 17 hijos, ahí nomás. Y cada hijo tuvo en promedio 3 hijos. Échenle 51 nietos, yo pienso que hasta somos más. Muchos de esos ya tienen hijos. Hay tipo 20 biznietos. Enorme familia.
Mi mamá la iba a ver cada que podía. A su regreso nos traía el reporte: ya no quiere comer, ya no quiere caminar, ya no quiere platicar, ya no nos reconoce.
Creo que se puso más depre a partir de que murió mi abuelo. Él era bien chido. Más o menos me acuerdo. Era bien sonriente. Y borrachito. Y nos contaba chistes e historias. Cantaba. Creo que hasta nos compartía chupe, como que me acuerdo. Usaba un bastón. Mi abuela también. Él murió porque se cayó y se pegó en la cabeza. Dicen que murió de cáncer. Supongo que piensan que ella también pudo haber muerto de lo mismo porque abajo de su féretro habían colocado vinagre con gajitos de cebollas, la creencia –me dijeron– es que así no se riega el cáncer; y tampoco el mal olor.
Al final no importa de qué murió quién.
Debe ser difícil dividir el amor en 14 –al final sólo sobrevivieron 14 hijos–, mucho más en cincuenta y tantos nietos y de los biznietos ya ni hablar. Tal vez por eso pienso que no me quiso. O quién sabe. A lo mejor a su modo.
Nos avisaron el viernes en la mañana y por la noche llegamos al rancho, una casita, dos, una de cemento y la otra cubierta con tejas. Muchísimas historias se guardan ahí. Fue el primer lugar que más amé para fotografiar –por ejemplo–, cantábamos ahí hasta bien entrada la madrugada, y nos congelábamos, y nos poníamos borrachitos, en aquellos días en que celebrábamos los cumpleaños de los abuelos; también ahí celebramos XV años de primas y sobrinas.
Puercos, guajolotes, gallinas, toros, vacas, perros, brujas.
Llegamos al rancho y estaba todo dispuesto. Sillas en el enorme patio, familia. Y dentro: el féretro. En el lugar donde muchas noches ella durmió. Donde todos llegamos a dormir. Era una caja color café claro con una virgen dibujada. Cuatro cirios a su alrededor. E hijas llorando. Nietas llorando mientras esto escriben.
Afuera, las hijas, ocupadas, preparando el café, el té de canela, comprando pan, galletas, saludando, recibiendo el pésame. Es horrible abrazar a alguien y dar el pésame cuando no lo sientes. Esta vez todos nos sentimos cuando nos abrazábamos.
La mayoría de la familia se quedó a velarla. Yo no. Quería, pero..., en fin.
Al día siguiente –sábado–, la misa estaba programada para las 12.
11:40. Una voz gritó: empiecen a prepararla.
11:45. Una tras otra hija, uno tras otro llanto.
11:50. Más despedidas. Cierran la ventanita. Reparten flores que llevaremos cargando.
11:55. Unos cuantos toman el féretro y lo llevan a una camioneta color verde.
12:00. Todos caminamos en procesión a la iglesia.
No fue una misa linda.
12:50. De nuevo toman el féretro. Es hora de llevarlo al panteón.
Durante más de una hora caminamos. La avenida principal se llenó de los Lizardi que también son Pérez. Y Yáñez, Guerrero, Sánchez, Aguilar, Olguín, Alegre, Lucario. Todos caminamos hacia la salida del pueblo, hacia la carretera, hacia el panteón. Mientras lo hacíamos, reíamos. Tomábamos agua. Platicábamos. Nos actualizábamos de todo lo que había pasado en tanto tiempo que llevábamos sin vernos.
Esa despedida final sí fue hermosa. Fue dolorosa. Hasta ahí todavía estaba presente. Luego estaría bajo tierra. Y nos hicimos bien conscientes de eso. Le echaban puños de tierra mientras le agradecían. Le tiraban flores mientras le agradecían. Le aventaban agua bendita mientras le agradecían. Le pedían que –ahora sí– ya descansara en paz.
89 años acá te querían rebasar, qué bueno que no los dejaste.
Te despediste en el más lindo escenario. Cielo azul, nubes hermosas, árboles, pasto, cerros, viento, aire de despedida que nos acariciaba a todos la cara. Uno tras otro palazo. Tierra sobre tu ataúd. ¿Por qué tanta tierra? –como dice Sabines–, ¿por qué tanta si tú de ahí ya ni ibas a querer salir? Nomás se cansaron. Y encima de tu cuerpo, de tu féretro, de tantísima tierra, cubetas con flores que olían delicioso. Muchas cubetas con flores. Y alguna que otra corona de flores. Una cruz de flores.
Gracias, abuela. Quién sabe en dónde andarás, pero seguro allá sonreirás más. Si te topas con el abuelo, salúdalo. Luego nos vemos por allá.
2 de junio de 2011
Una bola de milagros
No, no era una bola de madera pintada de negro llena de milagritos dorados –corazones, niños hincados, una pierna por aquí, una niña con las manos en el pecho por allá, una mula, una bici– de esos que le pegan a los vestidos de terciopelo de los santos en las iglesias... Nop. Era una bola de milagros. No uno. Muchos. Una bola. Milagros en bola. Al por mayor. Una sorpresa que a cualquiera hubiera dejado con el corazón abierto. Como si hubiera sido boca.
23 de mayo de 2011
Acto No. 1
Noviembre, 2010. 1am. Un bar diminuto, piñas coladas y cervezas. Papas a la francesa y palomitas. En el escenario, un tipo de buen ver cierra los ojos mientras canta. Nunca me ve. Yo pienso que nunca me ve. Su voz me hace agua, no le quito la mirada de encima. Sonrío. Miro su cabello, sus labios, su ropa. Miro su piel tatuada. Pausa musical. El tipo –guapísimo a mis ojos, ya para entonces– baja del escenario y es abordado por mi compañera de mesa. Se detiene un segundo. Sonríe. Sigue su camino. Regresa. Se sienta. Habla. Sonríe. (Qué bonito sonríe)... Me besa. Sonrío. Lo beso. Sonreímos.
16 de mayo de 2011
Aventuritas antes y después de U2
Ahora relataré la experiencia U2-era...
Todo comenzó tiempo atrás. El mundo entero hablaba de U2 en México. Un primo rubio que tengo pedía que le ayudara a comprar un boleto para verlos. Una compañera universitaria solicitaba mi ayuda en la venta de uno. Los contacté. Al final nada se logró... El primer contacto se frustró. El segundo llegó un par de días antes del mero concierto. El buen luisito dijo: si consigo acreditación te lanzas. Y yo: va. El día de la presentación del 360º, el mundo entero sudaba a Bono. Me contagiaron la emoción, qué le vamos a hacer y entonces dije: tengo que estar ahí. Horas y horas de escuchar tonos de ocupado, dedos callosos de tanto pulsar las teclas del teléfono, los dedos a carne viva de tantos pellejitos de las uñas arrancados... Al final encontramos al primer contacto: "No es conmigo, es con BC". Tomé la pista y di el siguiente paso. La mala noticia fue que ya no había pulseras acreditativas, no para dos personas por medio :(
Sin embargo, U2 estaría en el DF y Chilango.com tenía que estar ahí. Al día siguiente todas las secciones de espectáculos de todos los medios locales y nacionales traerían la foto del Bono, su banda y su garra en la portada... ¿Cómo chingados iba a ser posible que Chilango.com no estuviera ahí? ¡¡¡Chilango.com!!! Pero pues no, no había oportunidad. Sin embargo, la feliz invitada de ChilangoRevista –que a partir de este momento será AJ– insistía para que la acompañara... tal vez sabía lo maravilloso que estaría el concierto... tal vez quería mi felicidad y la suya en un mismo estadio... tal vez sólo quería no llegar sola hasta el Azteca... tal vez no quería hacer la crónica... tal vez se preocupó muchísimo por mi carrera profesional y –a pesar de que sabíamos que la cagarían– se arriesgó a hacerse de un problema por andar cargando conmigo... Sí, lo que ocurrió fue esto último.
Después de haber tomado metrobús, metro, tren ligero y haber disfrutado la compañía mútua (AJ y SL), llegamos a la zona Tasqueñera y nos asustamos muchísimo porque los vagones del tren no se estaban deteniendo. Estábamos a una estación de llegar al Estadio Azteca..., temíamos por nuestro futuro cercano... Sin embargo, el tren era exclusivo: "Hasta aquí llega", dijo el señorcito vigilante y zas que nos bajamos en bola... Y a caminar... Buscamos el acceso de prensa, ¡caminamos tanto! Del tren ligero a la entrada del Estadio y de ahí, dale la vuelta porque la puerta que buscas está de aquel lado. Lo peor: tacones. (Les recuerdo que nadie había planeado ir al concierto de U2, una más bien quería ir con cierto guapo a ver Thor). Después de algunas ampollas, callos y talones quemados, lo logramos.
La alegría tomaría una pausa porque...
Tremenda cagotiza sentimos –que no nos la dieron– cuando llegamos al lugar y –bien campechana– AJ dijo: "Hola, llegué acompañada por tal...". Obvio la respuesta fue: te dijimos que sólo teníamos un boleto. Sin embargo, la mayoría de las veces, la obstinación resulta la gran ganadora de la noche. Esta vez también ocurrió. La chica que –con toda la razón del mundo– definiría si yo entraba o no, dijo: "Espérate tantito". Bendita sea mi obstinación. Bendita sea tu obstinación, AJ.
Sí. Lo logramos. Dos horas de concierto. Qué bonito estuvo. Al menos a mí me encantó. Tal como Lorenza Lazo dijo: No creí saberme tantas canciones de U2. Y sí.
El recorrido valió la pena. El dolor de pies. La regañadita. Todo. La verdad estuvo bien chingón.
Si ese 11 de mayo no había sido lo suficientemente maravilloso, aún el destino tenía una sorpresita para nosotras, misma que hizo que la noche terminara de manera perfecta. Resulta que nuestra preocupación por el regreso –el regreso siempre es difícil– terminó cuando nos encontramos con un amable señorcito chofer de micro que nos cobró $15 del Estadio a la esquina de nuestras respectivas casas, pasa que otros querían cobrarnos $80 (WTF!) y $40.
Y como traía el ánimo humeante, pues al llegar al hogar hippie (2am) me puse a escribir la crónica del evento. Acá está... Por si aplica... :)
Todo comenzó tiempo atrás. El mundo entero hablaba de U2 en México. Un primo rubio que tengo pedía que le ayudara a comprar un boleto para verlos. Una compañera universitaria solicitaba mi ayuda en la venta de uno. Los contacté. Al final nada se logró... El primer contacto se frustró. El segundo llegó un par de días antes del mero concierto. El buen luisito dijo: si consigo acreditación te lanzas. Y yo: va. El día de la presentación del 360º, el mundo entero sudaba a Bono. Me contagiaron la emoción, qué le vamos a hacer y entonces dije: tengo que estar ahí. Horas y horas de escuchar tonos de ocupado, dedos callosos de tanto pulsar las teclas del teléfono, los dedos a carne viva de tantos pellejitos de las uñas arrancados... Al final encontramos al primer contacto: "No es conmigo, es con BC". Tomé la pista y di el siguiente paso. La mala noticia fue que ya no había pulseras acreditativas, no para dos personas por medio :(
Sin embargo, U2 estaría en el DF y Chilango.com tenía que estar ahí. Al día siguiente todas las secciones de espectáculos de todos los medios locales y nacionales traerían la foto del Bono, su banda y su garra en la portada... ¿Cómo chingados iba a ser posible que Chilango.com no estuviera ahí? ¡¡¡Chilango.com!!! Pero pues no, no había oportunidad. Sin embargo, la feliz invitada de ChilangoRevista –que a partir de este momento será AJ– insistía para que la acompañara... tal vez sabía lo maravilloso que estaría el concierto... tal vez quería mi felicidad y la suya en un mismo estadio... tal vez sólo quería no llegar sola hasta el Azteca... tal vez no quería hacer la crónica... tal vez se preocupó muchísimo por mi carrera profesional y –a pesar de que sabíamos que la cagarían– se arriesgó a hacerse de un problema por andar cargando conmigo... Sí, lo que ocurrió fue esto último.
Después de haber tomado metrobús, metro, tren ligero y haber disfrutado la compañía mútua (AJ y SL), llegamos a la zona Tasqueñera y nos asustamos muchísimo porque los vagones del tren no se estaban deteniendo. Estábamos a una estación de llegar al Estadio Azteca..., temíamos por nuestro futuro cercano... Sin embargo, el tren era exclusivo: "Hasta aquí llega", dijo el señorcito vigilante y zas que nos bajamos en bola... Y a caminar... Buscamos el acceso de prensa, ¡caminamos tanto! Del tren ligero a la entrada del Estadio y de ahí, dale la vuelta porque la puerta que buscas está de aquel lado. Lo peor: tacones. (Les recuerdo que nadie había planeado ir al concierto de U2, una más bien quería ir con cierto guapo a ver Thor). Después de algunas ampollas, callos y talones quemados, lo logramos.
La alegría tomaría una pausa porque...
Tremenda cagotiza sentimos –que no nos la dieron– cuando llegamos al lugar y –bien campechana– AJ dijo: "Hola, llegué acompañada por tal...". Obvio la respuesta fue: te dijimos que sólo teníamos un boleto. Sin embargo, la mayoría de las veces, la obstinación resulta la gran ganadora de la noche. Esta vez también ocurrió. La chica que –con toda la razón del mundo– definiría si yo entraba o no, dijo: "Espérate tantito". Bendita sea mi obstinación. Bendita sea tu obstinación, AJ.
Sí. Lo logramos. Dos horas de concierto. Qué bonito estuvo. Al menos a mí me encantó. Tal como Lorenza Lazo dijo: No creí saberme tantas canciones de U2. Y sí.
El recorrido valió la pena. El dolor de pies. La regañadita. Todo. La verdad estuvo bien chingón.
Si ese 11 de mayo no había sido lo suficientemente maravilloso, aún el destino tenía una sorpresita para nosotras, misma que hizo que la noche terminara de manera perfecta. Resulta que nuestra preocupación por el regreso –el regreso siempre es difícil– terminó cuando nos encontramos con un amable señorcito chofer de micro que nos cobró $15 del Estadio a la esquina de nuestras respectivas casas, pasa que otros querían cobrarnos $80 (WTF!) y $40.
Y como traía el ánimo humeante, pues al llegar al hogar hippie (2am) me puse a escribir la crónica del evento. Acá está... Por si aplica... :)
Vive Latino
Una vez más me tocó estar entre los felices asistentes al Vive Latino. Esta vez –VL2011– moría de ganas por ver a Caifanes. El hombrequeyanoesmihombre dijo que quería que fuéramos juntos pero, como nos ocurría con mucha frecuencia, al final las cosas no salieron así y terminé sola con mi soledad. Total que yo sí fui y me la pasé de perrrrlassss. El primer día, viernes, pensé que me aburriría muchísimo y que no sería feliz y que el tiempo se me pasaría lentísimo y que sería un hongo solitario..., pero no, me encontré con un feliz compañero de trabajo y estuvo chingón. El sábado se atascó y Caifanes nos dejó con un dulcesito en la boca. El mejor día fue el domingo, sin duda, yo, ya más descansadita y comidita, bailé como loquita con los Chemical...
Para mayor información.
Día 1: Perry Farrel y Jane's Addiction
Día 2: Caifanes
Día 3: Chemical Brothers
Para mayor información.
Día 1: Perry Farrel y Jane's Addiction
Día 2: Caifanes
Día 3: Chemical Brothers
7 de abril de 2011
Crónica tardía de un concierto (Shakira)
Creo que los fans de Shakira tendemos al ridículo. Una vez yo -muy borracha- me tiré al suelo y quise menear mis pocas caderas y menores nalgas al ritmo de La Tortura. Además de que el mundo se burló de mí, me grabaron e incluso repetí el numerito, aún lo recuerdo y me pongo morada de la vergüenza. Pero bueno, al menos tengo la justificación de que estaba ebria. Hay quienes lo hacen sobrios. Y con un público mucho mayor que el de un grupo de amigos. Y lo hacen para demostrar no sólo que son fans sino para presumirle al mundo "que son buenos". Las comillas son absolutamente irónicas. Obvio lo hacen horrible.
Mi fanatismo por Shakira empezó cuando la escuché cantar Antología, ah, la juventud y el sufrimiento teatral, que hoy en día nos parece absurdo. El chiste es que la escuché y me gustó, la ví y me gustó su ondita. Me latía muchísimo que ella fuera canta-autora y que tocara la guitarra (después hablaré de mi amor por la trova). De hecho creo que su CD fue uno de los primeros originales que adquirí. Invertía en ella. Y no me dolía el codo. Luego se pintó de rojos sus pelos. Qué largos los tenía. Jamás he logrado que crezca tanto mi cabellera. Sí, el unplugged. Y esos pantalones negros, qué bien le ceñían.
En fin, contaba que el día del concierto popero la banda se puso toda loca y pagó por un concierto chafita con tal de verla. Sí, soy popera y disfruté a María José y sus rolas dolorosas y quería escuchar a Moenía pero preferí a Belanova y entonces canté: One, two, three, go! Ajá. Bueno, ellos pagaron y se metieron a una cabinita y le mandaron mensajes de que "Eres bien buena onda", "Te amo", "Me encanta como mueves tus caderas" y demás cosas que yo no haría ni me gustaría hacer. Pero ellos lo hicieron y ya pueden contarles a sus nietos que los proyectaron en grandes pantallas del Foro Sol.
Total que todos esperábamos ansiosos que saliera unos 15 minutos después de que Belanova terminara, después de haber cantado "Será por ti, será por tu amor". Pero no. La señora se tardó. Y es que tenían que arreglar la iluminación y demás cuestiones técnicas. Y entonces nos dedicamos a hacer "Olas". Independientemente de que mi cabeza explotaba ahí me tenían levantándome y alzando mis brazos y diciendo "uuh". Fue chingón que todos entráramos en el mood.
Pero no mamar, llegó el momento en que nos hartó y muchos moríamos de frío. Yo de dolor de cabeza y frío. Y me dormí un rato y me despertó la rechifla y las mentadas de madre y los "Uleeeros". Pero desperté y me sentí mejor. Y entonces luces apagadas y mundo mudo. Y de repente una luz, ahí abajo; donde sólo los afortunados pudieron tocarla, ¡tocarla!, verla de cerquita, escucharla, si no hubiera hecho playback, como dicen (a los que estábamos hasta arriba ni nos importaba, nada veíamos, sólo admirábamos). Y salió en un coso rosa como organza y sus pelos güeros.
Aplausos. Gritos. Felicidad.
Los fans estábamos ansiosos. Y como el foro estaba lleno de fans, pues el mundo estaba ansioso.
Cuando llegó al escenario se quitó el coso y a bailar. Y luego mostró que -parece- sí es "bien buena onda"(odio esa frase hecha) porque subió a cuatro fansitas a bailar. (Envidia). Se chutó como 20 rolas. Me emocionaron Si te vas, Loba, Antes de las 6, Gitana. "Y va liviano, mi corazón gitano. Que sólo entiende de latir a contramano. No intentes amarrarme, ni dominarme, soy yo quien elige cómo equivocarme". Y todo lo que decía. Pfft. Es encantadora. Al final Hip's don't lie, y más después el Waka (la) - Waka (la). Y se fue.
La verdad me quedé con ganas de otras muchas rolas. Y de ver los fuegos artificiales que supuse habría, pero sólo a las de HaAsh (como se escriba) les alcanzó el presupuesto. Ni pedo.
Estuvo chingón. Me confieso su fiel seguidora. La próxima vez sí pagaré. Lo que sea. Con tal de estar cerquita. Igual en una de esas me sube a bailar con ella. (Nooot!) (Aunque estaría chingón).
Mi fanatismo por Shakira empezó cuando la escuché cantar Antología, ah, la juventud y el sufrimiento teatral, que hoy en día nos parece absurdo. El chiste es que la escuché y me gustó, la ví y me gustó su ondita. Me latía muchísimo que ella fuera canta-autora y que tocara la guitarra (después hablaré de mi amor por la trova). De hecho creo que su CD fue uno de los primeros originales que adquirí. Invertía en ella. Y no me dolía el codo. Luego se pintó de rojos sus pelos. Qué largos los tenía. Jamás he logrado que crezca tanto mi cabellera. Sí, el unplugged. Y esos pantalones negros, qué bien le ceñían.
En fin, contaba que el día del concierto popero la banda se puso toda loca y pagó por un concierto chafita con tal de verla. Sí, soy popera y disfruté a María José y sus rolas dolorosas y quería escuchar a Moenía pero preferí a Belanova y entonces canté: One, two, three, go! Ajá. Bueno, ellos pagaron y se metieron a una cabinita y le mandaron mensajes de que "Eres bien buena onda", "Te amo", "Me encanta como mueves tus caderas" y demás cosas que yo no haría ni me gustaría hacer. Pero ellos lo hicieron y ya pueden contarles a sus nietos que los proyectaron en grandes pantallas del Foro Sol.
Total que todos esperábamos ansiosos que saliera unos 15 minutos después de que Belanova terminara, después de haber cantado "Será por ti, será por tu amor". Pero no. La señora se tardó. Y es que tenían que arreglar la iluminación y demás cuestiones técnicas. Y entonces nos dedicamos a hacer "Olas". Independientemente de que mi cabeza explotaba ahí me tenían levantándome y alzando mis brazos y diciendo "uuh". Fue chingón que todos entráramos en el mood.
Pero no mamar, llegó el momento en que nos hartó y muchos moríamos de frío. Yo de dolor de cabeza y frío. Y me dormí un rato y me despertó la rechifla y las mentadas de madre y los "Uleeeros". Pero desperté y me sentí mejor. Y entonces luces apagadas y mundo mudo. Y de repente una luz, ahí abajo; donde sólo los afortunados pudieron tocarla, ¡tocarla!, verla de cerquita, escucharla, si no hubiera hecho playback, como dicen (a los que estábamos hasta arriba ni nos importaba, nada veíamos, sólo admirábamos). Y salió en un coso rosa como organza y sus pelos güeros.
Aplausos. Gritos. Felicidad.
Los fans estábamos ansiosos. Y como el foro estaba lleno de fans, pues el mundo estaba ansioso.
Cuando llegó al escenario se quitó el coso y a bailar. Y luego mostró que -parece- sí es "bien buena onda"(odio esa frase hecha) porque subió a cuatro fansitas a bailar. (Envidia). Se chutó como 20 rolas. Me emocionaron Si te vas, Loba, Antes de las 6, Gitana. "Y va liviano, mi corazón gitano. Que sólo entiende de latir a contramano. No intentes amarrarme, ni dominarme, soy yo quien elige cómo equivocarme". Y todo lo que decía. Pfft. Es encantadora. Al final Hip's don't lie, y más después el Waka (la) - Waka (la). Y se fue.
La verdad me quedé con ganas de otras muchas rolas. Y de ver los fuegos artificiales que supuse habría, pero sólo a las de HaAsh (como se escriba) les alcanzó el presupuesto. Ni pedo.
Estuvo chingón. Me confieso su fiel seguidora. La próxima vez sí pagaré. Lo que sea. Con tal de estar cerquita. Igual en una de esas me sube a bailar con ella. (Nooot!) (Aunque estaría chingón).
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