23 de febrero de 2008

Ah... une merde...

Porque contigo el éxtasis siempre se torna azulado.

Este era un tipo harto de cagar en el excusado. Le reventaba llegar a los baños públicos y encontrarse una cagada igualmente pública, que -por lo demás- había tapado el caño. Chillaba cada que entraba a los servicios y debía renunciar a su mierda por el fétido olor de cada baño masculino al que entraba. Debía vomitar en los lavabos -enfrente de quien estuviera- cada que escuchaba la mierda caer en los miados -que dicho sea de paso alguien más había dejado ahí- y salpicar las nalgas del que estaba en el cuarto de baño. Y ni qué decir de los pedos: le eran insoportables, siempre que no fueran suyos. Se avergonzaba con su producto por exhibirlo a los demás.
Total que un día se hartó de tanta porquería y decidió regresar a sus inicios. Empezó con un paquete y ya no pudo dejarlo. El primer pañal le resultó insoportable. Le lastimaba los muslos y lo rozó a las dos horas. Sin embargo, su primera caca fue ampliamente satisfactoria. ¿Estupor? Nunca. ¿Asco? Ninguno. ¿Fastidio? (risas).
Dejó de visitar los baños. Dejó de escuchar aquello que le resultaba desagradable. El tipo estaba feliz. A partir de entonces evitó todo aquello. Podía empezar a vivir.
A nadie importará aquello del cambio de pañal, el olor que desprendía o las infecciones que adquirió. Él era feliz. La gente lo sabía y a él le importaba lo mismo que traía cargando por el culo.
La última vez que se supo de él estaba tendido en el centro de una plaza pública. Acostado, mirando al cielo y sonriendo. Es una de las pocas personas que conozco que descubrió cómo lidiar con su propia porquería.

Comentario al pie de página: Hoy volví a ver a Anuar después un malentendido, un drama, un berrinche y su consiguiente malestar estomacal que me duró meses. Conversamos y me habló de escritores, de temáticas, de creación. Siempre es un placer pasar cuando menos 1 hora con él. Ésta vez no las conté pero fueron muchas y muy productivas. Me dejó un rico sabor de boca. Amo el hecho de que él sea una de mis predilectas fuentes de inspiración, por lo que dice, por lo que sabe, por lo que es y por lo que me invita a hacer. Escribo esto no por él ni para él sino para empezar a desembarazarme de mis prejuicios y, sí, gracias a él.
¡No sabes cuánto te quiero!

2 comentarios:

Killer Queen dijo...

La caca, el popó, la mierda... gracias por tan entretenido relato escatológico, cómigo, mágico y hasta musical!

Anónimo dijo...

JAJAJAJ ESTÁ CAGADÍSIMA LA HISTORIA, ES MI HISTORIA!! YO SOY IGUAL. HASTA SUEÑO CON BAÑOS SUCIOS!! QUÉ HORROR Y QUÉ TRAUMADA...MARGE